¿TENDEMOS A CONFUDIR AMBAS ACCIONES?, ¿SON COMPLEMENTARIAS?, ¿SON OPUESTAS?, ¿DESDE QUE PERSPECTIVA TRABAJA CADA UNA?

En esto momentos tenemos que detenernos con respecto a este tema, ya que pareciera que lingüísticamente utilizamos con mucha facilidad los términos de coach, facilitador, etc., como si estuviésemos hablando de lo mismo.

La importancia principal quizás no está en el mencionarlo, sino en la relación con la acción, como lo estamos asumiendo, ya la persona que está ejerciendo alguna de estas actividades debe ser consciente de lo que ejerce ya que estamos trabajando con seres humano, en ambas acciones hay la intención de aportar, ayudar a nuestro cliente, pero debemos dejar claramente expresado, desde que posición lo estoy haciendo, como facilitador o como coach.

Es importante señalar que un facilitador, no es el líder, es quien guía el flujo de las discusiones y quien se encarga de propiciar el diálogo respetuoso, siendo su tarea, el remover los obstáculos, resumir los distintos puntos de vista y fomentar el espíritu positivo y productivo. El facilitador promueve una actitud activa del aprendizaje.

Cuando hablamos de un coach, es la persona que contribuye a que el cliente pueda llegar a una determinada meta, plateada por el propio cliente, a través de la utilización de las habilidades y métodos del coach de manera eficaz.

Pudiendo además identificar una diferencia importante, el facilitador es la persona que trabaja con una o un grupo de personas de afuera hacia adentro, donde provoca la discusión, impartiendo y facilitando la construcción del conocimiento. En cambio el coach trabaja desde adentro hacia afuera, donde a través de un método, hace que el propio cliente se auto descubra, provoque así mismo el cambio o el descubrimiento.

Por lo cual, podemos concluir diciendo que son áreas que pueden complementarse en un momento determinada, sabiendo el cómo y cuándo ser utilizadas, sabiendo identificar claramente el momento, para apoyar con objetivos muy claros al cliente o al participante.
Escrito por Hugo Leal